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Centinelas: Miedos, deseos y necesidades

Domingo, 21 de Junio de 2009

Fragmento del capítulo 8: “Miedos, deseos y necesidades”, de mi novela =D. Críticas constructivas y todo tipo de comentarios, serán aceptadas. Gracias.

[...]Puse la gaseosa y los vasos en la mesita que estaba entre el sillón y el televisor, le serví un poco. Me cambié y me senté a su lado, ella reposo su cabeza en mi pecho mientras mirábamos un noticiero. Tenerla tan cerca de mi, revivió todos mis sentimientos de amor y protección hacía ella, mi respiración se agitó cuando por mis pensamientos volvió la idea de contarle lo del deseo de beber sangre.

- ¿Pasa algo? – me preguntó al darse cuenta, sacó su cabeza de mi pecho y me miró directamente a los ojos

- No – mentí – Es solo que hay tantas cosas que quiero contarte y preguntarte

- Lo prometiste - sacó su mirada de mis ojos

- Lo sé… pero mis preguntas no son solo sobre las… - no me atreví a decir “profecías” – sobre eso. Hay otras cosas

- Podes preguntarme lo que quieras, sin romper tu promesa - dijo inquisidoramente


- ¿Por qué estuviste alejada de mí toda esta semana? – mi voz se tornó algo triste. Yo no tenía forma de saber si era por culpa de las profecías, así que no estaría rompiendo mi promesa

- Por la misma razón por la cual me hiciste una promesa

¡Aja! Eran por culpa de esas malditas profecías, mi deseo de saber qué decían ahogó mi mente, pero me resistí.

- Te hubiera hecho la misma promesa si me la hubieras pedido al principio. Fue difícil para mí entenderte

Sonrió. ¿Era gracioso lo que dije?

- Perdóname – dijo arrepentida, o al menos eso parecía. Acercó sus labios junto a los mío y apenas tocándolos, comenzó a decir – te amo

- Yo no creo amar a nada ni a nadie – la aparté de mí - más que a ti y eso me asusta, te volviste una necesidad de vida para mí. Y todo esta semana, fue una eternidad para mí

- No quise causarte tanto daño, pero creo que algo en nosotros cambió esta semana

- ¿Qué? – pregunté casi enfurecido. Luchaba conmigo mismo para no mostrar mi mal carácter, eso era algo que había cambiado en esa semana, mi repentino mal carácter… ¿Vampírico? - ¿qué pudo haber cambiado? – reformulé la pregunta, con un tono más dulce

- Piensa – dijo casi ordenándomelo

- ¿Cómo pensar si me estás nublando el pensamiento? – la intriga de saber lo que ella sabía provocaba esa clase de actitudes en mí, nunca antes vistas

- Yo, por ejemplo, noté que había un montón de cosas que dejé de lado para estar contigo y necesitaba hacerlas

- Tú eres todo lo que yo necesito

- Eso en ti ha cambiado, mi ausencia te ha hecho pensar sobre la posibilidad de perderme – me miró a los ojos – y ahora pareces más atento a que no lo hagas

Me quedé en silencio mirando al suelo, unos cuantos minutos, mientras el noticiero anunciaba su último corte. Ella tenía razón, tenía miedo de perderla, era obvio, pero también tenía el deseo de saber lo que me ocultaba y de repente, comencé a sentir celos. ¿Y si esas otras cosas que tenía pendiente involucraban a otros chicos?

- A veces me gustaría poder leerte la mente, porque siento que no me decís todo lo que sentís

- Créeme, que hay ciertas cosas de mí que no querrás saber

- ¡Pruébame!

Estuve tentado a hacerlo, al decirle sobre la sed de sangre que me poseía. Mi mente peleaba con mi corazón, ambos estaban exhaustos y caí rendido. Tiré mi cabeza hacía atrás en el sillón, cerré los ojos y suspiré profundamente. Ella se dio cuenta de que no hablaría y entonces comenzó a acariciarme el cabello, me relajaba, de repente la siento sobre mí, besándome.

Tocaron a la puerta, era la cocinera avisándome que la mesa ya estaba servida. Bajamos, durante el almuerzo poco o nada hablamos, ella elogiaba frecuentemente a la cocinera, yo casi no probaba bocado. Terminado el almuerzo, volvimos a mi habitación.

- ¿Me puedo bañar? – me preguntó

- No hace falta pedir permiso

Me recosté en el sillón, ella se desvistió delante mío, dándome la espalda. No hacía más que apreciar su figura y agradecer a los dioses por ella. Al parecer me quedé dormido porque al darme cuenta, tenía a Ariadna a mí lado, observándome.

- ¿Pasa algo? – le pregunté

- No, solo me detuve a observarte y admirarte – dijo amorosamente, tomó mis brazos e hizo que la abrasará

- ¿Quieres salir esta noche? – susurré

- A donde tú vayas – se limitó a responder

- ¿Y si fuera al infierno?

- Me quemaría contigo

Pensé unos instantes y no tenía el deseo de salir, en realidad el único lugar al que podíamos ir era Dark Dance y la última vez que había estado ahí, no la había pasado muy bien. Tuve el miedo de que esta vez fuera peor.

- Pedimos unas películas y nos quedamos aquí – afirmé, no dejando lugar a sugerencias por si quisiera cambiar mi parecer y salir

- Pero yo elijo las películas

No me importaba, con tal de que no quisiera hacer otra cosa y poder estar solo con ella. Pedimos pizzas, gaseosas y tres películas, dos románticas y una dramática, no fueron malas pero solamente por la compañía que tenía. Nos acostamos en el sillón al terminar de comer y nos quedamos dormidos.

Pablo AM , ,

  1. Sábado, 27 de Junio de 2009 a las 02:15 | #1

    Esto se pone cada vez mas peligrosamente vampirezco.
    Eso es bueno.
    Adhiero.

  2. Domingo, 28 de Junio de 2009 a las 03:16 | #2

    @Faber
    El Blog? mmm… pues si, parece que si… como dije antes, estamos viviendo un apogeo vampirico en literatura y cine… tengo que aprovechar Jaja

  1. Sin trackbacks aún.

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