Los Centinelas: Prologo
“Allí vienen”, le dije a Ariadna, quien me abrasó con fuerza y podía sentir sus lagrimas cayendo en mi hombro. Me dieron ganas de volver al Centinelo, escapar, dejarla a salvo y si no quería quedarse sola, yo me quedaría con ella, no me importaba, solo quería que ella estuviese bien. Los vampiros no irían al Centinelo, nadie más de Mortalio me importaba si ella estaba conmigo.
La amaba tanto como para dejar morir a toda la humanidad mortalia. Los centinelas podrían repoblar el mundo mortal, formando un mejor ejército para derrotar a los vampiros, después de todo ellos fueron creados para eso, para defender Mortalio, no podían serle indiferentes ahora. ¿Tan poca esperanza tenía en Alyson, en William y en los casi cien predestinados dispuestos a morir por defender algo que estaba destinado a sucumbir?
“Están muy cerca”, me dijo Ariadna. El ejército centinela estaba en los bordes de la selva, y del otro lado, los vampiros comenzaron a asomarse. Ya estaban allí, se podían escuchar gruñidos del lado vampiro, al darse cuenta de nuestra presencia. Todos estaban inmóviles, como esperando que alguien diera el primer paso. ¡Basta!, me dije, basta de esperar y actuemos.

Ultimas huellas